"Félix", lo extraordinario del hombre normal

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La miniserie es un thriller norteño, más que nórdico, en el que Andorra se destapa como gran escenario, donde más que disparos o persecuciones prima un intenso romanticismo y un soterrado (o más bien nevado) sentido del humor. El protagonista, Leonardo Sbaraglia, hace cosas impensables por encontrar a una mujer, Julia, a la que no necesita conocer bien para saber que le ha robado el corazón.


Parco desde sus títulos, Gay imprime su particular estilo a la serie sin dejar de respetar los códigos del nuevo formato. Es un elogio, pero algún conocedor de su filmografía podría tener su propia opinión. La legítima artimaña del creador para suavizar el aterrizaje en el medio televisivo consiste en encadenar tres películas, con sendos finales claramente diferenciados.


El personaje de Félix es, de hecho, una renovación del clásico tipo normal embarcado en situaciones que lo superan. Es Cary Grant en Con la muerte en los talones. El propio autor ha citado también a Harrison Ford en Frenético y a Bryan Cranston en Breaking Bad. Quizá el primer modelo sea el más cercano, porque aprovecha su torpeza física (Sbaraglia dice que se fijó mucho en Friends) y psicológica, aunque el sentido del humor no sea tan evidente en la serie. En la película de Hitchcock hay escenas desopilantes, como la subasta. La socarronería de Félix es más como la de Fargo, de nuevo la nieve de por medio, pero menos burlona.


Puede que estemos, en definitiva, ante la serie más completa de Movistar+ hasta la fecha. Quizá le cuesta algo arrancar o descubrir el tono, o puede que el espectador tarde en situarse en ese entorno desconocido, pero la historia se vuelve adictiva y el público no se fijará más en el lujo de la producción que en lo que de verdad importa, el destino de sus personajes.


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